Daño ambiental, daño humano

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“Se necesita escuchar a los viejos, a los que iban a las cascadas a nadar y a pescar, para construir el imaginario colectivo, organizarse, ver a dónde se quiere ir y hacer exigibles los derechos a un ambiente sano”. Ana Becerra, estudiante de ingeniería ambiental e integrante del colectivo La orden de la tierra que se está conformando en el municipio de Poncitlán, Jalisco, participó en una charla organizada por el Voluntariado Por nuestro río de Manos Solidarias del Centro Universitario Ignaciano, con el objetivo de profundizar en las condiciones de algunas de las comunidades ubicadas en la cuenca del Ahogado perteneciente a la cuenca del río, como continuidad a la actividad del Tour del horror que se realizó el sábado pasado con la intención de ver, oler y escuchar de voz de los afectados, las repercusiones de las descargas en el río por parte de habitantes, municipios e industrias en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

El académico del Centro de Investigación y Formación Social, Heliodoro Ochoa, afirmó que le damos la espalda al problema del agua y habló de la falta de conciencia acerca de las relaciones que se dan en una cuenca, en específico sobre la cuenca del río Santiago, en los tomadores de decisiones con respecto de la gestión del agua en la cuenca, en la que intervienen 5 municipios. Resaltó las consecuencias que la mala gestión tiene para los “pobres del agua” quienes en este caso pueden ser ubicados sobre todo en los municipios de Tlaquepaque y Tonalá, donde es escaso abastecimiento de agua. En la cuenca, existen 560 mil personas en condiciones de pobreza “¿Por qué hablo de los pobres? porque es en ellos en quienes repercute una mala planeación del territorio y una mala gestión del agua” resaltó, y afirmó que el problema no es de falta de dinero: “dinero hay pero el tema del agua no es una prioridad”

En la Colonia Santa Fe, con 45 cotos, un poco más de 32 mil habitantes y dividida en 4 subcuencas, los problemas de abastecimiento y contaminación en el agua que se suministra son cotidianos. Ignacio Cabrera, vecino de la colonia comentó que ante la imposibilidad de limpiar los tóxicos del río, decidió poner sus esfuerzos en practicar e inculcar el cuidado del agua y organizar acciones de mejora de las condiciones del agua en su colonia, en colaboración en el ayuntamiento de Tlajomulco.

Con un poco más de habitantes que la colonia urbana, Poncitlán sufre las consecuencias de ser un municipio junto al Santiago. Ana Becerra afirmó que los monitoreos de la Comisión Estatal del Agua se basan en acuerdos que sirven para derechos de uso más que como indicadores que sirvan para restaurar los ecosistemas. La falta de información acerca de la calidad del agua que usa la población es alarmante y los índices de enfermedades y mortandad aumentan.

Se trata de propuestas la estudiante las tiene: Pasar del control a la gestión integral, pasar de una visión de recursos a una de ecosistema que contemple los múltiples valores del agua, la capacidad del río de limpiarse y las relaciones humanas, disminuir los flujos de contaminantes, monitorear las rutas de exposición a éstos, tener indicadores epidemiológicos y activar la participación ciudadana para la creación de políticas públicas.

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