Tag Archive for experiencias

Visita a El Salto, 15 de octubre de 2011

El sábado, 15 de octubre, se dieron cita unos 20 alumnos del ITESO para visitar varios sitios relacionados con la contaminación del Río Santiago. La salida fue organizada por el Mtro. Johann Gottschalk, quien imparte la materia de Economía Ambiental en la licenciatura de Ingeniería Ambiental, y el Mtro. Bill Quinn, profesor de la asignatura Medio Ambiente & Sociedad en el Centro de Formación Humana. El itinerario original abarcaba desde puntos estratégicos de la Cuenca del Ahogado y del corredor industrial de El Salto, hasta el relleno sanitario de Los Laureles, y el Río Santiago mismo en su punto emblemático de la cascada que separa los municipios de Juanacatlán y El Salto. Sin embargo, el tiempo no dio para hacer todas las escalas previstas.

La Presa del Ahogado

La primera parada fue en el nuevo tramo de carretera que une la carretera a Chapala con la carretera libre a Zapotlanejo, pasando por en medio de la Presa del Ahogado, a la altura del Aeropuerto Internacional de Guadalajara. La carretera lucía bastante sola esa mañana, pese al letrero que lo anunciaba como un “eslabón perdido” del eternamente inconcluso Periférico de Guadalajara. Desde un puente que cruza el arroyo del Ahogado pudimos “disfrutar” de una vista panorámica de la Presa del Ahogado, donde se concentran las descargas domésticas del sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara antes de descargarse en el Río Santiago. Se trata de un humedal artificial que todavía atrae aves acuáticas y migratorias, así como ganado. Los humedales se conocen como los “riñones de la tierra” por su capacidad de filtrar y purificar aguas sucias, pero la Presa del Ahogado está a todas luces superada en su capacidad de absorber las aguas negras de una población que se mide en millones. El último muestreo que hizo la Comisión Estatal del Agua en julio de 2011 detectó niveles de coliformes fecales más de 1000 veces mayores a las normas oficiales para la protección de vida acuática, sustancias activas de azul de metileno (detergentes) ms de 10 veces por encima de la norma, apenas el 10% del oxígeno disuelto necesario para la vida acuática, entre otros indicadores alarmantes.

 

Casi bucólica luce la Presa del Ahogado en esta toma, si no es por la llanta semi-sumergida y las aguas de color gris turbio. Y las fotos no captan el olor…

En la orilla de esta presa se levanta la macroplanta tratadora El Ahogado, que próximamente entrará en servicio. Se trata de una pieza clave del compromiso oficial de sanear las aguas residuales de la metrópoli. La planta está diseñada para tratar estas aguas y entregarlas en estado aceptable al Río Santiago. Entre las grandes dudas, sin embargo, está el efecto de las descargas industriales del corredor industrial de El Salto sobre el delicado sistema de tratamiento biológico que la planta utilizará. El mismo muestreo de la CEA encontró en las aguas del Arroyo del Ahogado niveles de aluminio, fósforo, bario y sulfuros muy superiores al límite establecido en la norma oficial.

 

Basura forrada

La siguiente escala fue el relleno sanitario que la empresa CAABSA Eagle opera en la localidad de Los Laureles, ubicada en las afueras de la cabecera municipal de El Salto pero oficialmente dentro del territorio de Tonalá. En este lugar se deposita la basura doméstica de todos los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara con excepción de Zapopan y Tlaquepaque. Nos recibió la I.A. Dalia González Palacios, egresada del ITESO que trabaja en CAABSA y que muy amablemente nos concertó la visita. Desde aquí un agradecimiento a ella y a todo el personal que generosamente nos dedicó su tiempo.

El Ing. Alonso Delgadillo es el encargado del confinamiento de los residuos sólidos en Los Laureles, y lo primero que nos explicó fue la diferencia entre un tiradero, un vertedero, y un relleno sanitario. En un tiradero la basura simplemente se tira sin ningún tipo de control ni manejo racional. Un vertedero sube un poco de categoría: hay un espacio señalado para recibir la basura. En un relleno sanitario se aplica una verdadera ingeniería, un proceso más planeado de confinamiento de residuos sólidos. La clave de un relleno que se jacta de ser sanitario es la geomembrana impermeable, o “liner” como lo llamaba el ingeniero, un hule negro resistente que se coloca sobre una cama de 60 cm de tepetate, y que luego se tapa con otros 60 cm de tierra para que resista el paso de los carretones de basura que vienen al relleno a descargar. Su función es contener la basura, y sobre todo los lixiviados, dentro el relleno para que no contaminen ni los mantos freáticos ni los escurrimientos aledaños de aguas superficiales. El mismo producto se utiliza para crear los lagos artificiales en fraccionamientos y campos de golf, pues impide que el agua se infiltre al subsuelo. Es como las bolsas negras de plástico que ponemos dentro de los botes de basura en nuestra cocina o baño para que la basura no manche el bote, sólo que el hule del relleno obviamente es mucho más grueso y resistente, y la “bolsa” nunca se cierra; simplemente se queda como cimiento permanente del cerro de basura que se le deposita encima.

 

Nos hicieron una demostración con un pedazo de geomembrana.

El liner se provee en rollos y cuesta unos 4 pesos por metro cuadrado. Una hectárea tiene 10,000 metros cuadrados, así que estamos hablando de $40,000 pesos para forrar una hectárea de relleno sanitario. Realmente más, porque las tiras de liner tienen que unirse y hay traslape. Mucho más costosas son las capas de tepetate y tierra que van abajo y arriba, respectivamente, del liner. El liner utilizado en los Laureles se importa desde los Estados Unidos, y es de la mejor calidad, con una vida útil de 100 años. Para unir las tiras se usa un aparato que llaman “rata”, que es una especie de máquina portátil de coser, sólo que sella las tiras de liner a base de calor. Para pegar parchecitos en el liner se usa una pistola que derrite hule, como una pistola de silicón, y así se reparan roturas. Obviamente esto se hace antes de que se tape el liner con la tierra y luego la basura, pues para entonces ya quedó inaccesible.

 

Dos técnicos “cosen” las tiras de hule con la “rata”. Son técnicos capacitados; no cualquiera hace este trabajo.

 

Presumen que la unión resulta más fuerte que el hule mismo. Efectivamente resistió los jalones de la más fuerte de nuestra comitiva.

 

 

Al principio Los Laureles era un vertedero, no un relleno sanitario. Pero poco a poco se ha ido instalando liner, primero en 40 hectáreas. Ahora hay 70 hectáreas con geomembrana, informó el Ing. Delgadillo. Recientemente CAABSA Eagle adquirió un predio aledaño conocido como Los Ayala— otras 11 hectáreas más, y se están forrando 3 de ellas con liner. Con ese predio CAABSA ha conseguido una prórroga para seguir funcionando unos 15 años más: el tiempo exacto dependerá de la generación de basura en los municipios de Guadalajara, Tonalá, El Salto y Tlajomulco: entre más reciclen, menos llega a Laureles, y así se podría extender la vida útil del relleno. El ingeniero comentó que el relleno tiene autorizado recibir un total de 100,000 metros cúbicos de basura.

 

El relleno

Sobre la geomembrana se va descargando la basura de manera programada. Explicó el ingeniero Delgadillo que se apilan 8 niveles de basura que miden originalmente de 4 a 6 metros, o hasta más, pero que se van compactando. Se va formando pues un verdadero cerro, con taludes o laderas de 3:1. Mucho se ha aprendido por ensayo y error: según el ingeniero, “estamos en pañales todavía en el manejo de residuos”.

 

La zona actual de descarga de basura

Cada día se depositan 3000 toneladas de basura en Laureles.

Otro subproducto del relleno: garzas.

 

 

Cuando una parte del relleno queda saturada, se procede a la etapa de “cierre y abandono,” en la que se cubre el cerro de basura con 60 cm de  tierra traída desde fuera del relleno, y se deja para que se vaya cubriendo de vegetación. El terreno puede recobrar un aspecto hasta cierto punto “natural” una vez que la vegetación alcance a cubrir todo, pero no puede servir para vivienda ni para ningún tipo de construcción, pues el suelo no ofrece suficiente firmeza. Cuando mucho se podría adaptar para parque.

 

Se levanta un nuevo cerro en la comarca.

 

 

El relleno sanitario Los Laureles recibe únicamente “RSU”, o residuos sólidos urbanos, es decir basura doméstica. Los residuos peligrosos no se reciben en Los Laureles: requieren otro tipo de manejo y se envían a plantas especiales fuera del estado. Tampoco deben llegar llantas; hay un programa  para que las llantas desechadas se utilicen como combustible en la cementera, pero se queman también de manera clandestina en muchas ladrilleras. Cuando se abrió Laureles, recibía aprox. 1000 toneladas de basura al día; ahora debe acomodar 3000 toneladas al día. El 50% es basura orgánica, y el otro 50% inorgánica: metales, vidrio, plástico, garras. Los pepenadores, a quienes se les ha prestado un espacio dentro del relleno para sus actividades, separan materiales que tienen valor en el mercado; sin embargo, no tienen acceso a toda la basura que llega.

 

A la pregunta expresa sobre la utilidad de separar la basura en casa si todo se revuelve en el carretón, el ingeniero respondió que la basura separada les facilita el trabajo a los pepenadores. Reconoció también que los que recolectan la basura en las colonias a menudo realizan su propia separación y comercializan por su cuenta los materiales de valor. De hecho, sobre el último tramo de carretera antes de llegar a Laureles se aprecian locales dedicados al reciclado de distintos materiales. Cabe señalar, sin embargo, que CAABSA factura a los municipios por tonelada de basura ingresada al relleno, lo que podría crear un desincentivo de su parte para promover el reciclado.

 

CAABSA Eagle hace composta con una mínima parte de los residuos orgánicos que llegan. No se hace más, explicó el ingeniero, porque las máquinas trituradoras consumirían hasta $150,000 de energía eléctrica al mes si trabajaran a su máxima capacidad. Los pocos residuos orgánicos que sí se reciclan se apilan en montones, y se voltean periódicamente para favorecer el proceso de compostaje. Finalmente se criban y se envasa una composta que el ingeniero asegura es limpia y altamente nutritiva para mejorar el suelo cualquier campo de cultivo. Los ayuntamientos locales suelen surtirse para el mantenimiento de  sus áreas verdes.

 

Dos productos secundarios

Uno de los retos principales de cualquier relleno sanitario es el manejo de dos productos secundarios que inevitablemente se generan: el biogás y los lixiviados. El primero resulta de la descomposición de la basura orgánica enterrada: como se descompone en ausencia de oxígeno, lo que se produce es metano, un potente gas de efecto invernadero y un potencial combustible si se logra capturar de manera sistemática. Para ventilar el biogás, se perforan pozos en la misma basura. Luego se meten varillas y grava, y se introducen tubos perforados de PVC de 4 pulgadas. El radio de influencia de cada tubo es de 50 metros, y la norma oficial marca 4 pozos por hectárea.

 

El Ing. Delgadillo nos comentó que en el relleno sanitario de Hasar’s en Zapopan se quema el metano, no como combustible sino simplemente para evitar que entre a la atmósfera, por lo que se le pagan bonos verdes a la empresa que maneja el relleno. Obviamente sería más conveniente sacar algún beneficio adicional de la quema del metano. En algunas partes del mundo el biogás se aprovecha para generar electricidad o para operar maquinaria. Hay rellenos sanitarios en Monterrey que generan electricidad, aunque resulta problemático por los costos altos y el precio bajo que paga la CFE. No obstante, CAABSA Eagle espera empezar el año que entra a aprovechar su biogás para generar electricidad.

 

El segundo producto secundario—los lixiviados—son los líquidos que escurren de cualquier basurero debido a la lluvia que se infiltra por las capas de basura, así como a la humedad propia de la basura, que oscila entre 10% y 15%. Como parte de la preparación de un relleno sanitario se coloca encima de la geomembrana una red de tubos recolectores de lixiviados. De esta forma los lixiviados no salen del relleno, sino que se encauzan hacia fosas de contención. Laureles cuenta con 14 fosas de diferentes tamaños. Otro ingeniero (cuyo nombre no apunté) es el encargado del manejo de los lixiviados. Nos comentó que cualquier fuga de lixiviados del relleno le ocasionaría fuertes multas impuestas por los inspectores municipales, que hacen visitas diarias. Podrían incluso clausurar el relleno.

Lo que hace CAABSA Eagle actualmente con los lixiviados es reinyectarlos al relleno—se bombean desde las fosas para regar las laderas de los cerros de basura. De esta forma contribuyen a la compactación y descomposición de la basura. El ingeniero explicó sin embargo que la empresa “está preocupada por tratar los lixiviados” para que puedan descargarse hacia el exterior del relleno sin violar las normas oficiales. Laureles cuenta con una planta piloto de tratamiento de lixiviados donde se está experimentando para encontrar la mejor manera de aclararlos, separando los sólidos suspendidos y purificando el líquido restante al grado de que pueda reincorporarse al medio ambiente.

Los lixiviados son sometidos primero a un proceso físico-químico para separar sólidos suspendidos, luego a un proceso microbiológico. Sigue  la aeración, y la inyección de ozono para aclarar el líquido, que después es filtrado a través de carbono activado. Por último se utiliza un proceso de ósmosis inversa para dejar el agua cristalina. Con un paso más se podría lograr un agua potable, pero no se busca tal grado de purificación. La planta piloto ahora está operando a pequeña escala con el fin de determinar las mejoras cantidades y procesos para que CAABSA pueda tratar todos los lixiviados de manera masiva y económica. Según el ingeniero, la meta es llegar a tratar 5 metros cúbicos de lixiviados por segundo.

El Salto de Juanacatlán

Nos dirigimos en seguida al Río Santiago, precisamente donde hace su dramática caída de 27 metros en medio de las poblaciones de Juanacatlán y El Salto. Las lluvias provocadas por el huracán Jova habían dejado el cauce bastante crecido, y la cascada rugía con ganas. La espuma nos ofrecía todo un espectáculo: remolinos, piruetas, copitos que flotaban hacia nosotros. Una escena encantadora… si no fuera porque la espuma es capaz de dejar ronchas en la piel y el agua olía a huevo podrido. Lástima que se me acabó la pila de mi cámara precisamente al llegar a la cascada.

 

Platicamos largamente con Enrique Enciso y Graciela Rodríguez, activistas que se han convertido en voceros de los afectados ambientales de la zona, y con otros vecinos. Compartieron sus recuerdos del río cuando era fuente de vida, de alimento, de diversión. Nos contaron de manera anecdótica los padecimientos que ahora aqueja a la población—leucemia, insuficiencia renal, enfermedades respiratorias—atribuibles según ellos a los contaminantes que acarrea el río. Hablaron amargamente del cinismo de servidores públicos que no defienden el bienestar de su comunidad. Y nos informaron de las acciones que han emprendido, incluyendo una demanda contra el Estado Mexicano por atentar contra los recursos hídricos de la nación, tarea en la que esperaron que nuestro voluntariado pudiera echarles una mano.

 

Al escuchar nuestro reporte de la visita al relleno sanitario, se permitieron respetuosamente discrepar. No están nada contentos con la extensión de la vida útil del relleno, e insisten en que CAABSA Eagle no cuenta con los permisos necesarios. Tienen ganas de que se deje cuanto antes de echar la basura de Guadalajara en su patio trasero. Y Enrique nos aseguró que nos podría mostrar cómo escurren lixiviados no tratados desde el relleno sanitario directamente al río. No pudimos ir en esa ocasión, pero otro día nos gustaría aceptar su invitación.

Gracias a Enrique y Graciela, no sólo por el tiempo que nos brindaron, sino también por los años de lucha que llevan en pro de un ambiente más sano para toda la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Étienne y el río Santiago


Fotografía por Santiago J.

“La obsesión de Étienne es el Río Santiago” escribió alguna vez mi amigo y hermano El Negro. Dado que hemos trabajado juntos en causas diversas me sorprendió que le resultara tan evidente. Lo conocí en el verano de 1980, cuando mi familia vino a Guadalajara habiendo emigrado del Distrito Federal. En uno de los primeros viajes de reconocimiento, mi padre -nuestro guía por los pueblos, ríos y lagos de México- nos llevó a la cascada de Juanacatlán. No presumo de poseer particularmente buena memoria pero hay cosas que jamás olvido. Recuerdo que en las pozas previas a la cascada chapoteamos la tarde entera. Mis padres seguramente sabían que sus aguas no eran precisamente limpias, pero esta situación tampoco era muy notable y cualquier moderado realismo no nos impidió gozar de él (de hecho puedo decir que ese día, junto con mis hermanos, nadé en el Santiago). Lo que vimos estaba ya lejos del paraíso que describen quienes antes convivieron con el río, cuando albergaba y dada vida y cuando en ese sitio sus aguas caían majestuosamente y la brisa refrescaba plantas y a los animales que allí se refugiaban durante las soleadas horas del día. De hecho el lugar parecía bastante intervenido con una horrenda carretera que atravesaba por encima de la cascada. ¿A quién se le habría ocurrido hacer tal cosa? Me imagino que además de la practicidad de comunicar dos lados del río, políticos en turno manifestaban de esa manera sus ínfulas de grandeza; así como los españoles construyeron sus templos precisamente encima de los centros ceremoniales de las culturas originales, aquí, como en demasiado lados, codiciosos del poder materializaban de la forma más contundente posible su conquista de la naturaleza. Y vaya que lo lograron: al cabo del tiempo el proyecto modernizador no dejaría, en esas tierras, nada vivo.

Veinte años después de ese primer encuentro decidí dejar de tener una vida partida y renuncié a mi carrera como ingeniero industrial, abandonando a la vez mi incursión en el mundo corporativo: había trabajado años para Hewlett Packard, desde donde se veía todo color de rosa. Era como vivir en un mundo paralelo. Obtuve una beca y me fui a estudiar a una ciudad asentada en las márgenes de otro río, el Támesis. Fue en esos años que me dediqué a pensar, que tuve el tiempo -y la obligación- de relacionar, de cuestionar, que opté por dejar de vivir distraído. Como excursionista, desde pequeño me impactó la acelerada degradación de nuestro entorno y lo extenso de la pobreza. En mi corta vida había sido testigo de una transformación a todas luces negativa. O por lo menos, preocupante. Me comenzó a incomodar que tantos justificaban esta realidad mientras que la palabra ‘progreso’ jamás se acompañaba de nada. Así, dogmáticamente, como verdad superior, aún en nuestros días resulta que ‘esto’ es positivo y deseable. Ya antes había decidido conocer el río y publiqué un texto en el diario Público, que recién emanaba de otra lamentable muerte: la del periódico Siglo 21. En esos tiempos me enfermaba la retórica de políticos -compartida por no pocos ciudadanos- en torno a la cuenca. Me parecía  pobre y sumamente hipócrita: se rasgaban las vestiduras por el ‘uso desmedido’ del agua del Río Lerma por parte de estados vecinos y montaron una obra teatral ‘en defensa de Chapala’. El editor del diario aceptó mi propuesta y me fui a recorrer tramos del moribundo río junto con mi querido tío Ernst (q.e.p.d.), documentando los efectos de nuestra contaminación. Mi acompañante -alemán- no podía dar crédito a lo que veía. Recuerdo dramáticas escenas de tortugas terrestres y aves migratorias muertas en las orillas de la presa Santa Rosa por atreverse a beber su agua. El artículo “La Zona Metropolitana de Guadalajara mató al Río Santiago” era sin duda uno de denuncia. Pero yo aún comprendía poco y ciertamente todavía no conocía los testimonios de los moradores de la cuenca de El Ahogado -experiencia que me cambió la vida.

Luego de años de investigación sobre el arreglo institucional ambiental y la gestión del agua en México, de participar en varios intentos de cambio, y de acompañamiento a pobladores de El Salto (varios de ellos ahora entrañables amigos) me quedan claras algunas pocas cosas: es una mentira que la riqueza económica derivada de matar al río (entre otros ecocidios) algún día nos permitirá sanearlo (¿dónde está el cochinito?); a los políticos no les importa, ellos siempre vivirán lejos de éste como de tantos otros problemas. Tampoco a la gran mayoría de los empresarios, con su ya tradicional visión de minúsculo plazo; nos compete ciertamente a todos pero las responsabilidades son diferenciadas. El asunto se tomará en serio cuando políticos y funcionarios sientan temor frente a una sociedad que demanda otra forma de hacer las cosas; el río ‘pertenece’ a la metrópoli y la ciudad tiene que hacerse cargo de recuperarlo; y, tal vez lo más importante, nos toca a los habitantes de esta ciudad convertirnos en ciudadanos; entender y apropiarnos de esa responsabilidad -como de tantas otras. Debemos cambiar un montón de hábitos y prácticas, y los despiertos y dispuestos habremos además de intentar hacer que las cosas sucedan. Hoy por nuestros vecinos que luchan por desafiar la enfermedad, mañana por el futuro de todos. Con el deseo de que algún día volvamos a poder nadar en él. Por nuestro río.

Étienne von Bertrab, Londres, marzo de 2011

Blog WebMastered by All in One Webmaster.